El Globero/El Globero Cinéfilo

Peter Greenaway

Realizar una reflexión sobre el cine de Greenaway es algo complejo, en cuanto a que la diversidad de contenidos y formas de expresarla es tan extensa que pretender abarcarla es una osadía que aboca al fracaso. Sin embargo, al ver su cine, ocurre lo contrario, una ola de contenidos rebosan por cada fotograma saciándote por completo y acostumbrándote mal. Mil mundos quedan reflejados en sus filmes, unos dentro de otros, otros paralelos, inconexos, parecidos y opuestos, pero casi siempre simétricos. Todos ellos de una riqueza plástica infinita y de una minuciosidad raramente exigida. Todo para contar algo diferente y delicadamente retorcido. Una riqueza visual que no es habitual al servicio de esa creación de lugares, estados y tiempos. Sin duda invita a divagar sobre dichos espacios, su relación y forma, sin la pretensión de llegar a lado alguno…

Sus personajes son distintos y viven en lugares diferentes, son extraños y extravagantes, curiosos y estrambóticos. Pero a menudo mucho más reales que el “cinema verité”. Sus historias están cerradas y confinadas a espacios concretos. Y giran entorno al ser humano y sus formas de verse a si mismo, su arte y sus taras. El resto es un juego de luces, colores, texturas e incluso olores. Un juego entre la imagen misma y la provocación que se hace a través de ella. Una obligación a no ser un espectador pasivo, sino un crítico encandilado, a veces repugnado y muchas veces abandonado en un paraje ajeno, desarmado y asustado.

Sus imágenes son sexualmente activas, raramente delicadas y frecuentemente retorcidas. La relación entre sus personajes es violenta y degradante. Sin embargo hay algo de pureza, un icono que se mantiene limpio y que se sitúa en la linea donde confluyen las dos partes simétricas de sus imágenes e historias. Una perspectiva cuidada como la que sin duda tienen cada uno de sus fotogramas. Y una pretensión para nada inocente… Siempre hay perversión. Algo de podredumbre que no puede sino pudrirse más y más con el paso del tiempo

Dentro de las tramas hay aspectos del arte que condicionan, no ya la forma que vemos un determinado plano, sino la forma que se mira y se desarrolla la vida de sus personajes y cómo se cuenta. Así pues, las imágenes pasarán por un filtro estilístico marcado por aquello que condicione la historia. Así no son ni la imagen, ni la historia, ni siquiera la película una razón, un fin o una forma dependiente de las otras… Sino un todo uniforme que muta al unísono según se hace necesario a ojos del espectador. El resto es un experimento extraño que no hace falta, no necesito, no quiero, no sé entender…

Cabe mencionar que sus películas han ido viajando por el tiempo y los lugares encontrando situaciones parecidas y diversas, recogiendo cada elemento de su momento y lugar para enriquecer las estructuras y contenidos de las imágenes de sus historias. Buscando la suciedad moral de cada época y la retorcida hipocresía de sus gentes. Momentos comunes en tiempos alejados, lugares similares en espacios distantes.

Son muchas las disciplinas e infinitos los detalles del cine de Greenaway, haciendose laborioso analizarlos todos, pero como no pretendo hacer un tratado sobre el cine de Greenaway me centraré en algunos aspectos de sus imágenes, como los contrastes que hay entre los distintos ambientes y soportes que utiliza, la variedad de mundos que recrea y la relación que hay inherente a ellos. Así pues encontraremos en “El contrato del dibujante”(The draughtsmańs contract) una relación de falsa realidad, juego y fantástica realidad entre la vida de los personajes y los grabados que realiza el personaje. Como en “Z00, una zeta y dos nadas”(Z00, a zed and two noughts) encontramos un claro paralelismo entre la historia natural y la historia de los personajes. En “El cocinero, el ladrón, su mujer y su amante”(The cook, the thief, his wife and her lover) tenemos la trama y el arte culinario. En “El niño de Mâcon”(The baby of Mâcon) se confunde la realidad con el teatro, y en “The pillow book” es la literatura la que sale de los libros para apoderarse del mundo. Centrándome en estas obras de su filmografía voy a desarrollar como se relacionan esas artes, ficticias o reales con las historias que nos cuentan, sin descartar que lo relatado sean esas disciplinas y lo que se narra sea el condimento del cocinero…

En un corto de Greenaway titulado “Windows” distinguimos bien dos diferentes mundos retratados. Mientras el narrador nos cuenta una serie de muertes relacionadas con ventanas, inspiradas en crímenes de finales del apartheid sudafricano, vamos viendo escenas tranquilas de ventanas que muestran paisajes apacibles. Es esa dualidad en el contraste de imagen y concepto lo que otorga al resultado final la corrosividad propia del cine de Greenaway.

“El contrato del dibujante”(The draughtsman’s contract):
Hay un visor que el dibujante utiliza para realizar los dibujos, que le sirve para guardar las proporciones. Este instrumento ideado por Greenaway le permite reproducir exactamente lo que ve, impidiendo ser influido por lo que conoce. Este sencillo propósito será lo que haga desarrollar toda la trama de la película… Así pues, es el visor lo que separa la realidad de la reproducción que es el grabado. Pero todo parecerá volverse del revés cuando los dibujos se tomen por prueba de un asesinato(o de una infidelidad) y la realidad carezca de relevancia… La técnica del dibujante acabará volviéndose en su contra.

Tenemos una conclusión, la realidad es efímera y un dibujo inmutable. Así el espectador puede ir mirando por el visor eligiendo verdad o reproducción, viendo como una cambia y la otra queda impresa. Además tenemos un conjunto de personajes presentes en la finca cuya influencia va introduciéndose en los dibujos. Y mientras el contratado cree y aparenta controlar e incluso abusar de la situación, sus dibujos van mostrando lo contrario. Él viste de colores opuestos a los que llevan los demás, pero a partir de un punto deja de ir a contracorriente para dejarse llevar a contracorriente.

Vemos unos escenarios divididos en los paisajes que rodean la casa a retratar y los propios interiores de la mansión. Así tendremos una serie de escenas luminosas y coloridas en la finca. Y oscuras, quizá algo tenebrosas en las estancias. Coincidiendo que mientras se van retratando los hechos desde fuera, se va conspirando dentro a la vez que se consuman las perversiones de unos y otros.
Existe una simetría, aparte de en el interior de los planos, en la forma en que vemos la historia entre dibujos y realidad, siendo una estatua viva el único elemento que parece ser ajeno a ambas… Donde ficción y realidad se encontrarían.
Los dibujos son la prueba del asesinato, de la infidelidad, pero también del engaño y utilización del dibujante y evidencia de su derrota en el juego que había propuesto. Lo que le costará la vida.

Centrándonos en la imagen de la película tenemos un jardín con unos personajes que visten de una forma mucho más compleja y elaborada de lo que fue el fin del siglo XVII y que hablan de forma mucho más “suelta” que entonces. Mientras los dibujos guardan una fiel relación con la realidad. Así tenemos una contraposición de imagen y realidad que convivirán en película. Juntamos lo que ven los habitantes en la casa, lo que ve el dibujante y lo que ve el espectador, al que Greenaway ofrece una relación de planos principalmente estáticos, donde el movimiento lo realizan los actores. Se nos ofrece una perspectiva de espectador, ante la acción, exterior, como la que tiene el dibujante cuando realiza sus obras…

En definitiva se trasponen los papeles, se le otorga a la copia, al dibujo el rol que corresponde a la escena real que torna, como un cuento, fantasía. Así tratando la forma de realizar los dibujos, el lugar donde se hacen, cómo son, lo que sale en ellos y las personas presentes alrededor de los limites de la reproducción, se hace una descomposición para que todo esté presente en el dibujo y el dibujo sea fin y destino de la trama. Así se podría retratar la trama a través de los dibujos, como ya hizo Greenaway sustituyendo los dibujos por mapas en un corto: “A walk through H”, que vendría a significar “Un paseo a través de H”, curiosamente la casa de “El contrato de del dibujante” tiene forma de H, H de house (casa).

Greenaway habría introducido la imagen de un dibujo, la pintura, como un elemento narrativo dentro del propio film, quedando en equilibrio la realidad y la ficción de la propia película al utilizar modelos narrativos diferentes a los puramente cinematográficos, lo que seguirá haciendo en sus películas.

“Z00, una zeta y dos nadas”(Z00, a zed and two noughts):

Toda la película está situada en un zoo, a excepción de una finca: L’escargot. Donde se juega con la paradoja de los barrotes y quién está encerrado y quién no. Asistiremos a la liberación de los animales mientras los personajes están encerrados. La historia de la evolución de las especies y Darwin están muy presentes en forma de documental visitado por todos los personajes de la obra y por la paradoja que son estos en si. La forma de representar esto viene dada por la descomposición de diferentes seres vivos, desde una manzana hasta una cebra, para acabar con la de los gemelos protagonistas. La cual se frustra. Y son los caracoles los que triunfan limpiando y redireccionando el trascurso natural.

Mientras existen 26 formas diferentes de iluminar en la película, tenemos diferentes elementos contrastados, Vermeer, su iluminación, expresado de forma explicita con el cirujano obsesionado. La descomposición como continuidad y destino de todo y como contrapunto a Alba Bewick, icono de la fertilidad, que desea tener 26 hijos. Tenemos a la muerte, a la vida y un plan que lo contiene todo como la historia natural. Dentro estarán perdidos los hermanos protagonistas. Que servirán para un continuo juego de simetrías, esta vez delimitado por Beta, hija de Alba, e imagen de la inocencia.

La película trascurre principalmente de noche y bajo la lluvia hasta que aparece Philip Arc en Ciel. Los gemelos se van pareciendo cada vez más hasta convertirse en siameses. Vamos viendo una evolución. Aunque la película siempre está marcada por las rayas blancas y negras de las cebras.

Tenemos varios elementos insistentes en el film: La descomposición, los animales encerrados y un video de la historia de la evolución de las especies, los cuales se van entrelazando con escenas de la historia. Además tenemos las imágenes oscuras del recinto donde se están descomponiendo los diferentes elementos. Los cuales vemos a intervalos en breves haces de luz que permiten a las cámaras rodar un fotograma más cada sucesión de segundos. Así observamos una sala con multitud de lámparas que se encienden de vez en cuando provocando la transformación de la estancia en cada instante e iluminando de repente un elemento que hasta ese momento permanecía oculto en la obscuridad. Greenaway hace además un travelling inmiscuyendose en ese extraño mundo de seres en descomposición donde las lámparas van iluminando fugazmente su objeto durante un brevísimo espacio de tiempo para volver a sumirlo en el desconocimiento. Esos son los intervalos que no interesan, que son demasiado parecidos a los anteriores o posteriores como para que sean significativos y que por tanto se desprecian. Como los elementos que componen la historia natural, una serie de pistas y vestigios que permiten reconstruir el conjunto de la historia ignorando a cada elemento que la constituye. Así se equipara la rápida evolución que van sufriendo las especies, según vamos viendo los reportajes, a los animales que se descomponen en breves segundos antes nosotros. De lo que resulta una reducción al absurdo de la vida, precisamente lo que trastorna a los hermanos, al principio, a raíz de la muerte de sus mujeres.

La imagen que vemos está protagonizada por escenas de naturaleza, de animales, sin embargo el ambiente que se recrea es sumamente irreal, poco o nada parecido al de los animales en su estado natural. Lo que podría interpretarse como una crítica a la situación de esos animales encerrados. Por eso la imagen que se ve del zoo es siempre tenebrosa, lúgubre y triste. Además se retratan ciertas estancias donde viven los trabajadores del zoo de forma muy opulenta, espacios enormes y sobrecargadamente decorados como el despacho del cirujano-veterinario. Lo cual contrasta, por ejemplo, con la minúscula jaula que el tigre recorre a grandes zancadas.

El resultado final de la imagen es el collage de esa variedad de segmentos que componen el fin, los contrastes entre el mundo animal y lo animal del zoo, representados de forma muy distinta según se trate de los documentales o la vida de los personajes. Así la contemplación de la descomposición se puede asimilar al seguimiento que pueda hacer el espectador de los personajes. Como si todo fuera un punto insignificante, que cierran los caracoles, de la imperturbable historia natural.

“El cocinero, el ladrón, su mujer y su amante”(The cook, the thief, his wife and her lover):

La escena, y por tanto los diferentes mundos de la película, está dividida por colores. Así mientras el salón es rojo, el baño es blanco y la cocina verde, el aparcamiento es azul. Además la librería será de tonos anaranjados-marrones y el hospital amarillo. Mientras tanto vemos reflejados diferentes aspectos del arte de la cocina. El cocinero es un artista culinario, refinado y con buen gusto, y el ladrón engulle cual bestia mientras eructa y finge ser un refinado gourmet. Así se retratan en la película los diferentes estadios de este arte, la elaboración, la degustación y la evacuación. Así veremos escupir, orinar y cagar a los personajes durante la película. Y los colores mencionados al principio van cobrando relación con las escenas que suceden en ellos. Así con el rojo asistiremos a la rudeza del ladrón y sus secuaces en sus festines. En el verde sera a la pericia del cocinero en su labor y a la relación de Georgina con su amante.

En esta película la imagen de la inocencia será un niño albino que trabaja en la cocina. Y mientras el ladrón tiene aspecto demoniaco en el salón rojo, el niño se podrá asemejar a un ángel (al final perderá su ombligo).

El hecho de que la película fuera grabada íntegramente en estudios, permitió que Sacha Vierny fotografiara de forma que controlase absolutamente toda la iluminación. Los pasos de una estancia a otra con su consiguiente cambio de color son así perfectos, sin perdidas en la transición. Dando una imagen muy especial y delimitando de forma firme los lugares donde ocurre la trama.

La película trata en cierto modo sobre el bien y el mal, quizá más sobre el mal. Y la forma como se retratan unos personajes y otros marca desde el principio sus roles. De nuevo tenemos una imagen muy irreal, más interesada en tratar sobre los temas de la película que de otorgar credibilidad a sus personajes.

Si la película está interesada en mostrar las facetas del mal, también lo estará de describir la evolución y poder de la mujer del bandido Spica, Georgina. Desde una posición de sumisión al principio, a la rebeldía de su aventura y hasta cumplimentar su venganza. Observaremos las dos facetas con la elegancia de sus vestidos cuando está con Spica y su casi continua desnudez cuando está con su amante. Todo estará dispuesto para que ese restaurante sea tan irreal que nos transporte a un concepto de lugar subterrenal, a ello coopera la indumentaria de los camareros, la de los secuaces del ladrón que tendrán un papel demoniaco, así como las actitudes de los clientes del “Hollandais” que interpretarán la actitud de penitentes en ese infierno donde han de sufrir ofensas, burlas y humillaciones, sino la agresión y mutilación. No en vano Greenaway había hecho ya dos trabajos sobre el infierno de Dante y, si bien éste no tiene nada que ver, si podría haber partido de ahí para crear su averno propio. Sin embargo el concepto de infierno viene unido al de un cielo. Que Greenaway sustituye por una cocina. Cuyo papel no es estrictamente ni cielo, ni purgatorio, ni paraíso, sino una mezcla de ellos. Por eso no los estructura de forma ascendente como Dante, sino de forma lineal y consecutiva. Mientras el salón tiene adherido un pulcrísimo baño blanco, a la cocina se puede acceder por el aparcamiento, de aspecto suburbano donde perros se pelean por los restos y un extraño mundo exterior ajeno al restaurante entra en ligera relación con él. Estos lugares totalmente irreales, dan terrenalidad a los otros, al tiempo que los hacen más creíbles(dentro de una realidad conocida) aunque en conjunto siga siendo un enorme escenario donde se está realizando una representación. Greenaway mantiene su postura alejada de los personajes, sus simetrías y sus planos elaborados al máximo, más preocupado por recrear un concepto, desarrollar una teoría y representar una venganza culinaria que por mostrarnos una historia real. Lo que le vale, para, una vez aceptado el espacio que nos ofrece, tener una libertad absoluta en el desarrollo de su trama.

He leído que la relación entre los personajes se podría esquematizar como un triángulo, los tres hombres alrededor de Georgina. Pero me parece muy simplista y delimitarse prácticamente sólo al título. Para que iba Greenaway a crear un escenario tan rico y minucioso para elaborar un sencillo triángulo. Tenemos a dos hombres poderosos que controlan sus espacios, el ladrón el salón y el cocinero la cocina. Y está Georgina que sabe poner a su servicio al cocinero y, aunque esté sometida por el ladrón, tiene poder sobre él en cuanto le priva de si misma. Sin embargo ella se va con el que, en apariencia, no tiene poder, con un hombre que come cada día en una mesita pequeña. Luego veremos que también tiene control sobre un espacio propio. Así la riqueza de la historia no será ese triángulo, pirámide más bien, sino en las relaciones que tienen los hombres entre si. Cocinero-Ladrón, Amante-Ladrón, Amante-Cocinero, Ladrón-Amante, Ladrón-Cocinero. Relación de evolución simétrica y que irá desencadenando los hechos catalizados por Georgina.

En este caso el escenario propone, el ambiente dispone y la trama resuelve.

“El niño de Mâcon”(The baby of Mâcon):

Ahora la representación de la inocencia será el propio niño, pero esta vez será un papel más complejo y con más aristas. Esto viene motivado porque el tema se acerca más al trato de la infancia y aunque sigue presente ese icono, sobretodo para los habitantes del lugar, era necesario desarrollar más un personaje que, aún puro, debía ser creíble.

El mundo que se trata ahora es el del teatro y la forma de representar una escena dentro de otra, a su vez dentro de otra que está dentro de otra de forma infinita… Los personajes entrarán en escena y saldrán de ella de forma continua sin que nos demos cuenta de que en el fondo están siempre en el escenario y al final en la pantalla que nosotros miramos. Así el campo que propone Greenaway se sale del escenario, de la imagen que nos enseña e incluso del lugar donde nosotros nos encontramos, que en la película se pone en duda. Al igual que en “Z00″ nos encontramos con la representación, lo representado y el que lo representa puestos del revés. Aunque ahora el espectador se ve inmiscuido. Así, aunque la película es un poco más cercana a los hechos que las anteriores, sigue siendo distante. No obstante, al final el espectador se preguntará dónde se encuentra, ya que de pronto se le ha acercado a las puertas mismas del escenario.

El conjunto que vemos es un número muy grande de personajes que no sabemos bien que posición tienen en la representación, y si lo suponemos lo más probable es que nos equivoquemos. Así, mientras hay ciertos papeles que si parecen claros dentro de la obra, otros como Cósimo estarán entrando y saliendo de la escena e incluso tomando parte aún cuando figuran como espectadores. Por último están los espectadores, de variada condición, que asisten al espectáculo. Pero, aún después, estás tú. También hay personajes propios del teatro, como un apuntador, que se encuentra dentro de una especie de cabina, sólo que su función será la de dar voz al niño.

La película trata claramente sobre la fe humana y la iglesia o la Iglesia. Quedan reflejadas en las imágenes lo ceremonioso de sus ritos e idiosincrasia de sus actos.

Aquí, el símbolo que había introducido en sus películas Greenaway, discretamente hasta entonces, se convierte en el centro y origen de toda la trama. Es un niño milagroso al que rinde pleitesía todo el pueblo, dispuestos a darle lo que quiera, por retorcido y perverso que sea. Dando esa imagen del infante muestra que da lo mismo la bondad del icono que de eso no depende la devoción. Otros irán aprovechándose, desde la virgen a la Iglesia que venderá sus fluidos, hasta que el pueblo acabe desmembrándolo.

La imagen de la película debe recrear los escenarios de la época, s.XVII, pero planteándolo de forma que pareciera un teatro. Dentro se retrataría la opulencia de la Iglesia, la posición de la aristocracia, la burguesía y el pueblo llano. Sus incongruencias, diferencias y semejanzas, pero no ya dentro del escenario, sino también entre el público. El resultado final es un retrato de una sociedad, que pudiera ser de cualquier época, removiendo entre el público y la obra representada. Y la maldad inherente a casi todos los personajes que no dudan en intervenir en beneficio propio o por pura diversión, como Cósimo.

Vuelven a tener mucha presencia los números, 13 contracciones tiene la madre en el parto, en 13 trozos es desmembrado el niño y 13, más 13 más 13, más 13 veces 13 es violada la virgen… Lo cual se representa en forma de bolos que van cayendo, y sigue reflejando lo ritual de todos los actos que suceden en la película, desde los más simples hasta los más aparatosos. Lo cual nos da otra pista de lo que se cuenta en la película. Los actos que suceden, la forma en que “los poderes” utilizan al pueblo, son mecánicos, fundamentados en la tradición, nunca en la espontaneidad. Así se controla a cada cual es su lugar. También se trata de contar que si esto se rompe, cómo vuelve todo a su lugar (Cuando la Iglesia se hace con el niño para explotarlo) La obra en su conjunto se convierte en una enorme ceremonia que revela los estados de la fé y quienes la controlan. Además, ahí están quienes tienen poder, como Cósimo, para, si algo no les gusta, se modifique. El rito es algo inamovible salvo que quienes tienen las riendas consideren lo contrario.

Esta vez ha sido el teatro el que ha colaborado con el cine para narrar la historia. Claro que este medio está muy cercano al cinematográfico, sólo que Greenaway lo ha introducido en toda su dimensión, sólo que aquí, al final, no olvidemos, los muertos están muertos, sólo hay una representación.

“The pillow book”:

Pillow book se refiere a un libro intimo, un diario de gustos personales que elaboraban las Geishas y en concreto Sei Shonagon. Y es la literatura y especialmente la caligrafía japonesa lo que cobra protagonismo frente a las formas cinematográficas normales. Así, aparte de la historia que se nos cuenta están presentes el libro de Sei Shonagon y el libro de la protagonista que va enviado por fascículos escritos sobre la piel de unos mensajeros. De este libro no se sabe prácticamente nada de su contenido salvo los títulos de cada una de sus partes, sin embargo el poder de las imágenes, el estilismo de los grafismos sobre los cuerpos y los símbolos japoneses en sí son tan sugerentes que puedes convencerte de que has leído un libro maravilloso. A esto colabora el juego con el cuadro que hace Greenaway y las imágenes superpuestas. Además se está jugando con el erotismo de los cuerpos desnudos y el tema de los textos, permitiendo suponer a cada espectador su contenido. (En este punto, y a modo de curiosidad, me entra una duda, ¿cómo se verá la película en Japón o por alguien que sepa leer japonés? Sin duda alguien como Greenaway no habrá dejado cabos sueltos… Entonces, ¿el contenido de los textos hará que la historia cobre aún más riqueza…?)

Al igual que en “El contrato del dibujante” se crea una dualidad historia real y libros, ambos entrelazados cuyo contenido está directamente relacionado con lo que ocurre en el otro campo. Así no serán menos reales los libros que lo que vemos en la película, que no deja de ser la historia de esos libros. Y aunque se pudiera especular con que los libros cobraran conciencia de realidad, es más bien la realidad la que cobra conciencia de literatura. Sólo por eso asistiremos a una venganza tan bella y luego a la fabricación de un “pillow book” con la piel del americano. Es todo como un cuento que empieza con Sei Shonagon mil años atrás.

En la película conviven escenarios tradicionales japoneses con escenarios modernos japoneses, hongkoneses y de influencia occidental. Asistiremos a la mezcla de aspectos tan tradicionales como la caligrafía japonesa con otros tan modernos como los desfiles de moda. Además la protagonista acude con frecuencia a un local que nada tiene que ver con la tradición japonesa para cazar hombres con los que jugar a sus juegos erótico-caligráficos.

Después de ver esta película es difícil decir que lo escrito no tiene relevancia por donde esté escrito, sino por su contenido. Sin embargo se admite la reflexión de que sin el soporte y lugar adecuado para escribirlo puede carecer de sentido lo escrito. No obstante, volviendo a la intención creativa, si la lluvia estropea el contenido del mensaje, ¿éste queda destruido por completo o en el soporte en si queda el valor creativo de la obra? Si es así, Greenaway nos está diciendo que la labor creativa de su obra es suficiente sin una labor divulgativa, además si esa labor creativa es poderosa, cómo en el caso de los hombres libro, daría igual el contenido textual, pues es secundario. En el fondo el arte y la expresión artística estarían delimitadas por la imaginación del artista y nunca por las convenciones del medio en que trabaja. Como es una constante en su obra, la creación, lo creado y su creador vuelven a estar mezclados y aunque no se plantee hacía la condición propia de la película como en el caso de “El niño de Mâcon” si se podría reinterpretar la obra introduciendo a Greenaway en ella. Pues la narración del film no es primaria, ni secundaria a los libros.

Relevante a la estética de la película, su erotismo, los hombres escritos y la escena en que el padre de la protagonista la pintaba en la cara el día de su cumpleaños, es que tienen un poder ritual e iconográfico muy potente. Lo que habría que plantearse es si esas imágenes sacadas de la película de Greenaway mantienen su valor estético, o es la fotografía y el contexto que plantea el director lo que potencia la cualidad visual de las escenas que contiene el film. Personalmente considero que ofrecer un contexto a esas imágenes no hace sino potenciar su valor, es decir, es una suma. A una imagen potente, si la ubicas y la retratas de forma acertada, le aumentas su expresividad. Luego, si alguien dice que Greenaway es un pintor y no un cineasta…

Los juegos planteados en sus antiguas películas se mantienen y esta vez se juega con el contenido de unos libros, la forma en que son “publicados” y la historia de su escritora. La gracia de la situación es que en esta ocasión ni siquiera conocemos el contenido de los libros. Mientras en “El niño de Mâcon” conocíamos perfectamente la obra y se nos despistaba sobre quienes participaban en ella, aquí es al contrario.

Una serie de conclusiones o comentarios:

Es extraño hablar de que sus películas están estructuradas en elementos de tres partes, rondando siempre el número tres, a veces cambia al 7, que haya 26 “bathrooms”, 26 estilos fotográficos en Z00 y 26 hijos de Alba Bewick, tantos como letras del alfabeto griego. Su obra es numéricamente constante aunque a ojos del espectador sea imperceptible. Trasfondo que sirve quizá a la simetría, al ritmo…

Elimina ese ridículo concepto de que la obra va destinada a quien la observa. Por contra, crea por el afán artístico y disfrute intrínseco que hay en ello y deja al espectador que busque sus afinidades sin ofrecerlas dispuestas sobre un plato. Así es el proceso creativo que existe en todos los aspectos de la película lo que se convierte en el destino de si mismo, quedando la intención comercial de agradar para otros (Scorsese)…

Las mujeres protagonistas, sexualmente activas, han ido rejuveneciendo según Greenaway ha ido envejeciendo.

Sus historias son poliedros truncados, mundos “perfectos” hasta que un punto falla y un haz de acontecimientos conducen a la destrucción. A veces sucede al principio, otras al final…

Hay una serie de constantes en todas sus películas, elementos que se repiten, personajes parecidos, personajes con los que él se identifica. Ciertas situaciones… Pero luego cada película es completamente distinta, sigue jugando con las realidades y le preocupa más la estética de una toma que el que sea realista. Sin embargo con ello consigue una extraña realidad. Siempre consigue unos colores excepcionales mientras cuenta historias completamente distintas.

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